martes, 10 de septiembre de 2013

Vicente Barbieri






































Vicente Barbieri nació en Alberti (Buenos Aires), en 1903, y murió en la Capital Federal, en 1956. En 1939 se inició con Fábula del corazón y al año siguiente dio a conocer Arbol total.

Su tono evocativo y elegíaco lo identifica con la llamada generación del 40. Corazón del Oeste (1941), Anillo de sal (1946); El bailarín (1953) son algunos títulos de la obra poética de este autor, que evocó su niñez en El río distante (1945) y ahondó en sí mismo en Desenlace de Endimión (1951). Se estrenó (póstuma) una obra teatral suya: Facundo en la ciudadela (1956). La prosa de este poeta reúne las condiciones de lirismo que caracterizó a los escritores de aquella década. Es destacable el tono nostálgico con que evoca experiencias y momentos vividos entrañablemente.

Dormirá el hombre inadvertido y solo...
Fragmento

Dormirá el hombre inadvertido y solo
mientras arden estrellas y estaciones,
mientras laten los otros corazones,
mientras el viento va de polo a polo.

Sonarán en la tierra los festejos
en cosas de la vida y de la muerte,
mientras crece la luz y se divierte
en su disco pulido de reflejos.

Se alzarán sones –siempre se alzan sones
y voces de lavada medianía–
y su casa mortal será en el día
como un caer de grises aldabones.

Antes cantó la voz de las simientes
y el arco triunfador del agua pura,
y saboreó la sal de la locura
disuelta en el crujido de sus dientes.

Anduvo el hombre entre tormento y llanto,
creyó en el sol y vio los siete mares,
y nombraba los ríos ejemplares
con la pepita de oro de su canto.
...

Amó al árbol, que fue por su amargura
árbol de benemérita presencia.
Su ciencia elemental era la ciencia
que se anota en mitad de la Escritura.
...

Dormirá en esta invulnerable tierra
con el amor cerrándole los ojos.
Sólo –apenas– un golpe de cerrojos
le hablará de la paz y de la guerra.

Y él irá por un río sin apuro
olvidado de tiempo y de medida,
mientras aquí las formas de la vida
escribirán su nombre sobre un muro.

Meditará, ¡quién sabe!, otras verdades,
emprenderá tal vez otras misiones,
y cercará sus últimas prisiones
un anillo de sal de eternidades.

Pero su lámpara será de hierro
y una invisible mano cuidadosa
alentará su llama temblorosa
para que brille fiel en su destierro.