sábado, 8 de marzo de 2014

FELIZ DÍA DE LA MUJER








































MUJER

Encanto sutil que perfuma un cielo gris lleno de sombras
Descubridora de fuerzas que surcan océanos y mares de amores
Protagonista que precede la magia del brillo en noches abandonadas por la luna
Acompañante de batallas que desnudan la naturaleza que vive dentro de ti
Instrumento de insinuaciones para una eternidad pintada de plata y bronce
Resplandor de voces, que calladas besan con ternura el alma
Refugio de caricias que vuelan por las rutas del olvido
Pedazo de cielo que cae en tus manos, tan frágil como el cristal que envuelve su corazón
Poseedora de miradas que esclavizan vastos territorios arrullados por el silencio
Eres aquella que a pesar de estar atrapada en una telaraña, sigues siendo mujer
Eres la que enamora los sueños y apacigua las pesadillas
Eres la que cautiva una multitud con el enigma de una flor que resplandece en otoño
Eres la que bebe del veneno mortal y continúa en pie cual río que fluye hacia su mar
Tienes la sonrisa que guía al débil a desplazarse por un campo de espinos
Tienes la historia de un cuento que aún no ha sido escrito en las páginas de tu propia vida
Tienes en tus manos la fórmula que usa el sol para salir todos los días
Tienes la fortaleza del águila que lucha por lograr emprender su vuelo
Tienes la sabiduría de la lluvia que pinta de cristal el asfalto de una avenida
Tienes la certeza de que el mundo no se ha acabado y el poder para cambiarlo
Eres Madre, eres Hija
Eres Risa, eres Llanto
Eres Tú, soy Yo
Eres sutil, encantadora, silenciosa, fuerte y fervientemente
Mujer 

Danae Alvarez



Si Dios fuera una mujer

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.  


Mario Benedetti