jueves, 14 de julio de 2016

Juan Jaime Cesio - Claudio Tomassini Dibujos












































General Juan Jaime Cesio MARIA CLAUDIA CAMBI

Antes que todo, Ciudadano, ejemplo de coherencia y compromiso en la defensa de los Derechos Humanos.
Quienes no saben quien es el General Juan Jaime Cesio (el Coronel Cesio, para quienes los conocemos de hace años), se preguntarán el porqué de mi nota y de su título.
Se extrañarán aún más si les cuento que este ciudadano fue descalificado por falta gravísima al honor con accesoria de pérdida del uso del grado, título y uniforme.
Pero si también les cuento que la sanción fue aplicada por la dictadura militar argentina, la de la desaparición de personas (1976-1983), seguro que algo cambia en el lector.
La gravísima falta del entonces coronel Cesio fue acompañar a las Madres de Plaza de Mayo en una de sus marchas. Bueno, no se conformó con eso y declaró durante la dictadura que “bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno” y que con “el mendaz propósito de combatir la subversión, cometieron delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.
En momentos en que la práctica totalidad de los uniformados se callaron la boca y miraron para otro lado, a este señor se le dio por tener el coraje de decir la verdad.
Como consecuencia de semejante atrevimiento se le inició un sumario por “deshonor e indecoro militar”. Denunciar la desaparición de personas era indecoroso para nuestros militares. Se pidieron para el Coronel Cesio seis años de prisión mayor. Tras un sobreseimiento y un nuevo juicio, el llamado Superior Tribunal de Honor del Ejército le impuso, el 7 de noviembre de 1983 (un mes antes del fin de la dictadura y asunción de Raúl Alfonsín), la más grave de las sanciones previstas. “Descalificación por falta gravísima al honor, con la accesoria de privación de su grado, título y uniforme”. Al decir de Osvaldo Bayer, "Matar, desaparecer, robar niños, torturar a mujeres embarazadas, tirar al mar a seres humanos vivos, no era delito. Denunciar esos hechos, sí."
Ante la condena del coronel Cesio, el director James Neilson, del Buenos Aires Herald, el 15 de noviembre de 1983, escribirá un artículo en el que señala: “Muy difícil sería encontrar una prueba más impresionante de los efectos profundamente corruptores del poder sobre las instituciones militares y los hombres involucrados en ellas que el suministrado por este lamentable episodio, revelador del inmenso daño infligido no sólo al país sino a las mismas fuerzas armadas por decenios de régimen militar directo o indirecto. Se ha perdido la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, entre lo que es honorable y lo que no lo es y la de haber instituido un código de silencio, que lo subordina todo al ocultamiento de la verdad no sólo de los extraños sino también de los militares que temen enfrentarla”.
Durante más de 20 años de democracia, la sanción aplicada al Coronel Cesio siguió vigente. Mientras tanto, los genocidas se beneficiaron de leyes de olvido y perdón, de indultos, algunos incluso fueron legisladores y gobernadores.
El Coronel Cesio, mientras tanto, fundó el CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina), desarrolló una militancia política en el Partido Intransigente (lo cual me dio el honor de ser compañera de militancia), y siguió esperando, de la misma manera que la sociedad esperaba Justicia.
A continuación, una pequeña píldora de su pensamiento: “Los militares sirven a la democracia en su profesión y se integran a su país como ciudadanos. Como militares obedecen, como ciudadanos hacen uso de las libertades que la Constitución les otorga, a la que defienden en todos sus órdenes; de entre ellos, el de velar por la paz.” “Se podría comenzar con tratados internacionales de desarme. Es insensato que en los presupuestos se destinen a la compra de armamentos recursos que servirían para paliar la desnutrición y cuidar la salud, entre tantas necesidades impostergables que nos conmueven. La tenencia de armas por parte de los ciudadanos debe ser restringida y ni siquiera debe aceptarse las que los niños usan para JUGAR”.
Durante la presidencia de Raúl Alfonsín fue designado Gerente de resguardo patrimonial de YPF y se envió por primera vez al Senado su pliego para que se le restituyera el grado. Finalmente -y una vez vencidas las resistencias de los sectores más rancios y conservadores- 30 años después del inicio de la dictadura que lo sancionó, y cerca de su cumpleaños 80, en el año 2006 recuperó formalmente el honor que nunca perdió. El entonces el presidente Néstor Kirchner envió al Senado los pliegos de ascenso a general de dos coroneles comprometidos con la democracia y la Constitución y perseguidos por grupos paramilitares. La propuesta de ascenso, presentada por Kirchner como un medida "reparatoria, que pone las cosas en su lugar",alcanzaba al Coronel Cesio y al fallecido Martín Rico asesinado en marzo de 1975 "cuando investigaba a la Triple A", la banda terrorista de ultraderecha que tras el golpe de 1976 fue asimilada al aparato represivo de la dictadura.
A sus 83 años, el ahora General Cesio le ha ganado al olvido, su trayectoria vital no sólo es un ejemplo, sino una metáfora de la historia. La casualidad quiso que por obra y gracia de este gran patio virtual de Facebook, me encontrara con el Coronel, ganando a los años y la distancia, y la alegría de poder saludarlo ha minimizado absolutamente cualquier otra noticia no grata.
Hace tiempo escribí una nota titulada ¿Para que sirve la memoria?, y en respuesta contaba la historia de Manuel, un hijo de desaparecidos que recuperó su identidad. La historia de nuestro Coronel Cesio, es otra respuesta a la misma pregunta.
María Claudia Cambi
Valencia, España, mayo de 2010