El último round de Locomotora.
Imposible olvidarse de aquél noveno round, en Monterrey, cuando la sangre le cerraba los ojos y aquel animal del sur sacó una zurda que no entendía de destinos escritos. La mano providencial y con John David Jackson en la lona se escribía uno de los momentos más épicos en la historia del boxeo argentino.
Después vino el asfalto, los fierros retorcidos, el silencio de un coma.
Locomotora siguió peleando.
Contra el hambre ajena, contra las ollas vacías, contra esa vieja costumbre argentina de dejar a los pobres tirados sobre la lona.
Después de 144 peleas, 130 victorias —90 por nocaut—, 11 derrotas y tres empates, la muerte le encontró la mandíbula.
Pero no es el fin. Los gimnasios y los merenderos del cielo lo esperan. Gracias campeón.




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